jueves, 12 de abril de 2007

el diario de una noche cualquiera

Son más de las ocho de la mañana, y aquí sigo, recordando a un desconocido. Perdida entre el alcohol y como me miraba, a llegado la mañana, temeroza de olvidar como lo mire. Quizás solo sea un sueño embriagado, un juego desgajado del que mañana solo quedara esto, unas palabras sueltas, seguramente sin sentido.
Un poquito de música, me quedan un par de cigarros, y una inspiración que brota de una botella de vodka, supongo que de esto no saldrá nada bueno, en este mundo, de pensamientos absurdos, donde casi todos los hombres buscan una mujer mitad monja, mitad puta de lujo.
Mientras yo busco un hombre que me haga sentir que estoy en un trampolín, dispuesta a tirarme de cabeza y nadar en una piscina vacia.
Me hubiera encantado tanto que me gritara quédate conmigo, o que no podía vivir sin mi, a sabiendas de que ninguno de los dos lo pensábamos de veras. Aun recuerdo como nos besabamos, sin nombres, sin preguntas…como una actriz secundaria de una película en la que ni siquiera participo.
Pero los días de amores sin sentido, los amores que nacen tras un solo gesto se ahogaron perdidos en la visión real de la cosas. Y esta vez me siento como el verdugo y el ajusticiado en una sola persona, por que mientras sujeto el hacha coloco la cabeza, pensando en algo que nisiquiera es.
A ver mañana, que pasa por mi cabeza, seria horrible, que ya una vez sobria, siguiese pensando en el.
Pero por ahora me permitiré ese lujo, embarcar en una barco, y caer, esperando ser un “naufrago de cada vaso, buscando en cada esquina ese tesoro que encontré”.

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